lunes, 24 de agosto de 2009

Mujica y sus amigos porteños

Mujica y sus amigos porteños

Carlos Maggi

En las últimas notas hemos revisado las vinculaciones personales y las coincidencias de pensamiento entre el candidato del Frente Amplio, el señor José Mujica y los principales mandatarios del bloque hispanoamericano comandado por el Presidente de Venezuela, el señor Hugo Chávez.

Vale la pena revisar los rasgos principales de esos gobiernos, empezando por Argentina, el país más próximo a nosotros, por razones de afecto, de historia y de geografía.

No fue casualidad que integráramos el virreinato del Río de la Plata que nos unió y nos une; no fue casualidad, que la lucha de los orientales fuera para detener y derrotar al centralismo porteño.

Desde hace más de medio siglo, desde 1942, miramos la Argentina, llevada entre vaivenes, de libertad y de autoritarismo.

Por lo regular, cuando los argentinos votan gana un peronista, que luego de ocupar el cargo se revela como enemigo de la democracia y del federalismo (cf. Mariano Grondona).

El peronismo no tiene una ideología determinada, pero sí tiene un método bien ostensible y mantenido: los prohombres llamados a desempeñar la primera magistratura, procurarán (y casi siempre lo logran) desvirtuar los controles previstos por la Constitución que limitan su poder. Las ansias de esos gobernantes que nunca explican qué quieren (sacan el señalero para la izquierda y doblan para la derecha) van por caminos sesgados, en procura de algo así como ser virreyes.

A nosotros nos golpean esos berretines de aristocracia chanta, desde los tiempos de Artigas, que exigió en las Instrucciones del año XIII, que la capital estuviera fija y precisamente, fuera de Buenos Aires.

Juan Bautista Alberdi, el hombre que vio su país con más profundidad, escribió unos años después:

- "Todo gobierno nacional es imposible con la capital en Buenos Aires.

"Las ciudades virreinales son todavía, el cuartel general de las tradiciones coloniales. Pueden ser hermoseadas en la superficie por las riquezas del comercio moderno, pero son incorregibles para la libertad política".

COMENTO: ¿Qué pensar de un futuro gobernante de esta banda que va a rendir pleitesía a la corte del matrimonio virreinal? ¿Cómo puede suceder que Mujica, candidato con posibilidades de ser nuestro Presidente, no tenga sensibilidad para rechazar el modo de proceder del gobierno argentino?

No voy a hablar de los puentes cortados, ni de los ataques sordos dirigidos contra el Presidente Vázquez. La intención de esta nota refiere al poder, a las formas reptiles de la opresión.

Repaso las noticias de un día cualquiera, el 12 de agosto, publicadas en La Nación (un diario, un día):

-El ex jefe de Gabinete Alberto Fernández, uno de los funcionarios más importantes de los cinco primeros años de la gestión kirchnerista, acusó a la administración de Cristina Kirchner de haberlo espiado.

Escribe Morales Solá: "El caso de Alberto Fernández ha traído novedades de envergadura: la profundización, si es que cabe, del sistema de espionaje interno que Néstor Kirchner perfeccionó al extremo de que ya no se sabe si hay uno, dos o tres servicios que investigan la vida pública y privada de las personas.

"Cuando K. accedió al poder, en 2003, la SIDE contaba con un presupuesto anual de 183 millones de pesos.

"En el presupuesto 2009, el organismo de inteligencia tiene asignados casi 500 millones de pesos.

"Ni el gobierno ni ningún funcionario del espionaje oficial están obligados a rendir cuentas de ese dinero, ni ahora ni nunca.

"La policía compra información reservada a equipos privados de espías".

COMENTO: Otro protagonista del escándalo de estos días es nada menos que el vicepresidente de la Nación, Julio Cobos.

La SIDE es, según fuentes calificadas, la que tiene a su cargo un seguimiento de la actividad pública y privada del vicepresidente; sus conversaciones telefónicas íntimas, etc.

Es peligroso ser vice. Cobos votó una sola vez en contra de su Presidenta; y fue sanbenitado. Todo espía es espiado.

La denuncia de Alberto Fernández provocó la reacción del ex jefe de la Secretaría de Inteligencia, Miguel Ángel Toma. Toma acusó al ex ministro:

-"En todo caso, está probando de su propia medicina. Seguramente no se acuerda de que, como jefe de Gabinete, era precisamente él quien decidía a qué funcionarios, ex funcionarios, periodistas o miembros de la oposición había que espiar, como asimismo a qué periodistas premiar o castigar según estuvieran más cerca o más lejos del gobierno".

En la Justicia se tramitan causas por espionaje ilegal. Una es la que instruye la jueza federal de San Isidro, al prosecretario de Inteligencia, Juan Bautista Yofre. De acuerdo con las investigaciones, interceptaba y mandaba interceptar el correo electrónico de periodistas, dirigentes y miembros de la farándula artística.

¿Un país así envenenado, quiere Mujica para nosotros?

¿Será bueno para nuestra libertad ser gobernados por un hombre a quien estos hechos malignos, no le hacen mella?

Grondona toca otro tema muy menor, pero muy significativo:

-"La intención de Néstor Kirchner de intervenir en la televisación del fútbol confirma no sólo la continuidad, sino también la expansión de su `modelo` hacia nuevos espacios hasta ayer intactos".

"Este `modelo` se aplica a toda clase de actividades deficitarias cuyo ahogo financiero arranca del comportamiento del propio gobierno para que pasen a depender de los subsidios de un Estado que sólo subsidia, a cambio de sumisión política".

"A la `profundización del modelo` corresponde la continuación de la `venganza` kirchnerista contra antiguos aliados como Alberto Fernández, y contra Clarín, al que Kirchner quiere despojar de los contratos que tenía Torneos y Competencias con la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), para televisar el fútbol hasta 2014".

Agrego una noticia risible: el Indec, la oficina de estadísticas y censos de la República Argentina, falsea los resultados de su investigación, a tal grado que la Justicia intima a la institución oficial para que dé a conocer el método secreto mediante el cual calcula la inflación en un 4%, cuando todas la estimaciones privadas coinciden en fijar un 14% o más.

¿Mujica no sabía que en la Argentina suceden estas cosas?

Fue triste que los uruguayos residentes en Buenos Aires tuvieran que pedirle que tomara distancia del matrimonio K.

El mismo día, 12 de agosto, se completa el panorama: Cristina Kirchner anuncia la integración con Venezuela.

La Presidenta firmó en Caracas, veinte convenios. Pidió "no demonizar" a Chávez (un angelito) y aseguró que el vínculo con Venezuela es "imprescindible", (no dijo para qué).

Todo indica que Mujica formará parte del ámbito bolivariano, donde el poder de cada presidente es exorbitante.

Mujica necesita poderes extraordinarios, por eso no muestra un plan, ni explica nada. No comprometer es el gran principio peronista. En cada circunstancia se improvisará lo que sea, incluso la reforma de la Constitución (!).

Por ahora, "como te digo una cosa, te digo la otra". No me pregunte. Se verá.

Hay un solo nombramiento previsto y refiere al futuro Ministro del Interior.

El mando de la policía reforzada, de ganar las elecciones, quedará a cargo del señor Eduardo Bonomi.

Mujica decidió que sea su mano derecha.


El País Digital

domingo, 16 de agosto de 2009

Los usurpadores de la Libertad

Una repetida fórmula avanza en América Latina. Ha nacido una casta de usurpadores de la democracia. Su recorrido se reitera en cada país, con rigurosa precisión.

Los patéticos gobiernos demagógicos que supimos conseguir en el pasado, han sido el caldo de cultivo ideal para la aparición de estos modernos líderes mesiánicos que combinan su perfil autoritario con un discurso populista, una inteligente perversidad y ese hipócrita fervor democrático que los delata en forma inconfundible.

La democracia es la herramienta imprescindible que utilizan para ejecutar su proyecto. Se trata de declararse amantes de ella y al ejercerla, sentar las bases de su propio aniquilamiento. La voluntad popular es el medio para quitarle libertades a la gente, acumular poder, destruir la republica y quedarse con todo a su paso.

El camino lo conocemos, promesas populistas, mucho de demagogia y predecibles triunfos electorales. Con altos niveles de popularidad queda allanado el camino para implementar la segunda fase del plan. Reformar la Constitución, la Carta Magna, para sentar las bases de un reeleccionismo indefinido, un presidencialismo eterno que limite a los otros poderes de la república, a los que someterá en forma directa o indirecta.

A partir de ahí, todo es un juego de niños. Con la suma del poder público, vendrá la etapa del sojuzgamiento. Una reelección primero, otra después, dando pasos graduales pero firmes, para concentrar el poder institucional, amedrentar a los adversarios, para cerrarle todas las puertas de acceso al poder y acallarlos de cualquier modo.

Será tiempo entonces del periodo expropiador, el de estatizar progresivamente, exacerbando el espíritu nacionalista, demonizando a los extranjeros, y concentrando la propiedad en manos del Estado para minimizar el espacio para la propiedad privada.

La idea es poner de rodillas a la sociedad para ir por todo. Quieren el poder, las propiedades, la libertad y la conciencia de la gente. Para esa etapa tendrán que eliminar derechos esenciales, dominar los medios de comunicación y establecer un control policial sobre los individuos, creando para ello, enemigos artificiales que justifiquen cada avance sobre esas libertades.

Estos líderes populistas, para construir ese sueño, requieren de un instrumento que lo han encontrado en la democracia. Pero es en realidad ESA forma, tan particular de concebirla, esa que aceptamos mansamente, respetando una regla falsa, la que les permite a estos apropiadores del sistema, avanzar en su proyecto.

Es que en América Latina ha crecido desproporcionadamente una creencia que no resiste análisis alguno. Estos déspotas han construido un modo de interpretar los principios de la democracia que se sostiene sobre la base de que todo lo que decide una mayoría debe ser aceptado por la minoría. Una concepción casi aritmética de un valor superior. Han convertido una filosofía que posibilita la convivencia en sociedad, en una mera fórmula matemática, donde los más aplastan a los menos.

Así, el que gana impone, y el que pierde se somete. Esa lógica electoral, otorga derechos. Cada vez que triunfa, puede hacer lo que se le antoje, y esto incluye el derecho a destruir el sistema y vulnerar sus principios fundacionales en el proceso.

Es que en nuestras tierras, mucha gente cree genuinamente que de eso se trata la democracia. Han comprado la idea de que cada compulsa electoral es algo así como una disputa deportiva, en la que hay que pasar a la siguiente fase.

La democracia es un sistema de convivencia pacífica, donde la ciudadanía delega en manos de algunos pocos un poder que le resulta propio. El poder sigue siendo ciudadano. Por eso, los circunstanciales líderes deben entender que están a préstamo, de paso, solo de paso. Pronto serán historia, y si hacen las cosas razonablemente bien, podrán aspirar a dejar una huella para las generaciones futuras, tal vez un legado.

Las dictaduras actuales han decidido no tomar el histórico camino de la revolución cubana. Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y la propia Honduras, de la mano de sus nuevos caudillos, han tomado un recorrido más perverso, menos frontal, sustancialmente más hipócrita y retorcido. Ya no precisan de las armas, ni de la guerrilla en su sentido histórico. Ahora han elegido disfrazarse detrás de los ropajes de la democracia. Un sistema en el que no creen, que detestan, pero que les viene bien para dominar por etapas y con un programa pergeñado al detalle, quitando una a una las libertades a la sociedad.

La democracia no es la caricatura que estos dictadores en potencia nos ofrecen. La democracia preserva a las minorías, respeta las libertades individuales, construye sobre consensos, garantiza la diversidad y el pensamiento diferente y jamás trabajaría para limitar su esencia, sino, en todo caso, para hacerla más transparente, más ciudadana.

Estos dictadores, seguirán intentando convencernos, que cada elección ganada otorga derechos para imponer. Para perpetrar su objetivo necesitan de una sociedad capaz de creer ese cuento, de jugar ese juego, del enemigo irreal que justifica la concentración de poder. Pero también requiere de una sociedad descomprometida, la de los individuos que creen que la política es tarea de otros y que no vale la pena participar.

Los apropiadores de la democracia conocen las reglas, saben que con un poco de mística en sus filas y la apatía de una comunidad que los avala con su apoyo o su silencio, pueden dar los primeros pasos de este camino. Muchos países ya han avanzado bastante en esto. Otros se encuentran recorriendo ese sendero con diverso éxito. Lo grave es que el plan trazado no se detiene, van por más y la gente sigue creyendo que esto de la democracia es un juego infantil que no gravita demasiado en sus vidas.

Es tiempo de despertarse. Estos dictadores vienen por nosotros. Son inteligentes y perversos. Pero deben servirse de esta democracia como el nuevo instrumento que han hallado para ejecutar su proyecto. Necesitan una democracia débil, una republica anémica y una sociedad resignada, capaz de buscar en esos Mesías la solución a sus problemas. Ellos avanzan, pero en su propósito, somos los mismos ciudadanos los que construimos los pilares de su recorrido.

Muchos pequeños dictadores pululan por nuestras geografías. La imperfecta democracia que hemos construido tímidamente, alberga a demasiados personajes como estos. Aprender a identificarlos es una tarea que bien vale la pena. Es tiempo de cuidarse de los usurpadores de la democracia.


Alberto Medina Méndez